Obituario

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Cuando comenzaba a trabajar como escritor, a ver cómo me ganaba el pan escribiendo, una de las primeras “ofertas de trabajo” que llegó a mi bandeja de correo fue la de “Escribir obituarios”.

Sí. Obituarios.

La opción, debo admitirlo, no me gustaba mucho. Sí que entendía la importancia de escribir frases épicas que tuvieran una resonancia magistral en quienes las escuchasen, pero no me quedaba del todo claro por qué me iban a pagar por escribir un obituario.

Un obituario, debes saber, es ese mensaje que se da en honor a una persona que ha fallecido.

Anteriormente tenían una página entera en los diarios. Hoy creo que no, porque colocar publicidad en esa página deja más ganancias.

A veces salen en la radio. Muchas veces el locutor inicia con la trillada frase de “Ha fallecido cristianamente…”.

Ese es un obituario.

Pero, casi 8 años después, por fin comprendí por qué las personas delegan los obituarios.

Lo cierto, y lo duro, es que el 90% de las personas que fallecen no tienen nada memorable que contar de sus vidas. Mejor dicho: nada que merezca ser contado, reseñado o recordado por los demás.

Por eso, prefieren (los familiares) pagarle a un escritor, que elabore palabras y frases rimbombantes, discursos majestuosos, recibir un par de párrafos en interlineado sencillo, en Arial 12, y desembolsar un par de billetes.

Ahora, ese no es el problema. El problema está en el fallecido.

Esta semana ha sido extraña. El lunes, las calles de este país despertaron con el sol, pero su gente no. La gente parecía haber desaparecido.

Por eso, tuve tiempo de pensar. De trabajar, sí, pero también de pensar.

De pensar en la muerte.

¿Has pensado alguna vez en la muerte? ¿En tu muerte?

Si mueres mañana, ¿tienen algo memorable, bueno, legendario, para decir de ti?

¿Sientes que has realizado con tu vida lo que creías correcto, lo que de verdad te hacía feliz?

Esta generación, adicta a los antidepresivos, al alcohol y a los despertadores, con rutinas laborales monótonas de 6 a 6, tiene ese defecto: no piensa en la muerte.

O la ven muy lejana.

¿Cómo quieres ser recordado? ¿Como aquella persona que figura como anónima, desconocida, en una nómina de una empresa? ¿Como la envidia de todo el mundo, por haber hecho con su vida lo que de verdad la hizo feliz?

Cada día nos queda un día menos de vida. Y cada día es una oportunidad para merecernos un obituario en la mente de todas las personas que logramos tocar con nuestros actos.

Por eso, antes de contratar a un escritor / redactor freelance para escribir un obituario, hazte la pregunta de rigor: ¿Has dedicado tu vida a ser feliz, para que tu mejor obituario sea ser recordado y extrañado por todos, sin necesidad de avisos enmarcados en la sección del diario que está al lado de los clasificados y el horóscopo?

La vida tiene dos momentos imprescindibles: cuando naces, y cuando descubres para qué.

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