¿Cuánto valemos?

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No hablaré mucho. Escribo desde el móvil y tengo ganas de dormir. Sin embargo, hay ideas que debemos escribirlas en el momento.

Soy, de nuevo, ese Jorge que iniciaba, hace casi una década a trabajar en este oficio. Ese que se levantaba de madrugada porque necesitaba anotar un título, un argumento, una idea, antes de olvidarla.

Así sucedió hoy.

En pocas horas mi negra obtiene su título universitario. El primero. Y me puse a pensar en unas palabras que escuché o leí no sé de qué boca o en qué página.
Y resumiendo, el título nos interroga: ¿Cuánto valemos?

Con el tiempo, nos hacemos maleables, ordenables, y se nos intenta amoldar de acuerdo a lo que la sociedad necesita: un ingeniero, un funcionario, una secretaria o una doctora. Seguir reglas y, entre otras cosas, aceptar a rajatabla aquella frase de que “todos somos iguales”.

Pero no. No lo somos.

Hay quienes tienen dietas. Y hay quienes no tienen qué almorzar.
Hay quienes matan por dinero y quienes traen bebés al mundo a cambio de un salario que alcanza para comprar 5 bolígrafos.

No somos iguales. Y no valemos lo mismo.

Y mi negrita, con la que he estudiado toda la carrera sólo para tener herramientas para ayudarla, debe saberlo. No valemos lo mismo.

Noches sin dormir. El antivirus que te elimina documentos importantes. Un trámite que para otros es de 5 minutos, nos toma 2 horas. Obtener lo básico se convierte en una aventura de supervivencia. Y si sigo diciendo acabo el viernes.

Mañana, cuando alguien que sí durmió a las horas porque no tuvo que esperar a que el internet cargara a medianoche; que no necesito de rehacer trabajos porque tenía todo el tiempo para estudiar; que sólo necesitó 5 minutos por trámite; que obtuvo lo básico y lo accesorio de forma básica, intente menospreciar tus esfuerzos, decir que es más por el promedio o por las 5 páginas adicionales de su currículum, siempre recuerda:

No valemos lo mismo. Y tú vales más. Vales más porque todo te costó el doble. Porque a veces no estudiabas cuidando a tu hermana. Porque ayudabas hasta a quién no lo merecía. Porque tuviste que caminar por 2 horas para validar una constancia de estudio que se vence al emitirse. Porque convertiste migajas de pan en una torta. Y ahora disfrutas de un trocito.

«Vales más, porque todo lo que tienes te costó el triple. Y sin embargo, decidiste obtenerlo».

Y aunque quizá el mensaje no se entienda, porque es casi medianoche y la batería del móvil está en 24%, sé que tú sabes de que te hablo.

Incluso hoy, nos volvemos a trasnochar y esperamos hasta las 3 de la mañana para hacer una transferencia. Y sonreímos. Y no alardeamos.

Te quiero.

PD: Dedicado a ti, y a todos tus compañeros, que decidieron no darse por vencidos

 

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